SOLO
TENGO AMOR PARA DAR
Recién llegado a la mayoría de edad, el "principito"
del cuarteto cuenta en qué está y cómo se lleva con
los popes del asunto.
DAMIAN
CORDOBA - MUSICA DE CUARTETO CORDOBES
El cantante catamarqueño Damián Córdoba no tiene
satélites que le digan qué hacer ni qué contestar.
Convocado para la entrevista, el “principito” del cuarteto
llega al diario solo, en un último modelo lujoso pero discreto.
Lo
hace para cumplir una instancia típica de la industria del entretenimiento
(hablar sobre Inigualable, un disco recién editado), aunque no
tiene problemas en que la charla tome rumbos inciertos. Sugiere evitar
las fotos porque él cuenta con otras “de estudio”,
pero se entrega sin dramas al lente que certificará “Damián
Córdoba estuvo aquí”. ¿Un nuevo tipo de estrella
sin histerias? Puede ser.
Por
lo pronto, Damián Córdoba es lo que es: un jovencito simpático
y fachero que acaba de entrar a la mayoría de edad (21 recién
cumplidos). Y que está empeñado en continuar una tradición
musical en la que Carlos “Mona” Jiménez es Rey. El
tema es que le va bien. Muy bien. Tanto, que ya se vislumbra como heredero
natural. “Estoy feliz por eso y porque tengo a mi viejo, mi vieja
y a mis hermanas conmigo”, dice y luego reivindica la siempre bien
ponderada “contención”.
“Hace
cinco años que estoy acá y soy muy feliz. Pude conseguir
un espacio en la cuna del cuarteto y sin dejar de hacer las cosas de un
pibe normal. Como jugar al fútbol hasta las dos de la mañana,
como anoche. Jugué después de siete meses, no doy más.
Soy wing, imposible de marcar”, añade. Damián está
en Córdoba desde sus tiernos 17. Llegó procedente de su
Catamarca natal, una vez que terminó su relación artística
con el malogrado Walter Olmos, a quien acompañaba en los coros
desde los 14. “Me abrí cuatro meses antes de la tragedia”,
precisa sobre el incidente que le costó la vida a Olmos.
–¿Cómo
era Walter?
–Era un pibe muy humilde; hubo gente que no llegó a conocerlo
y, sin embargo, habla como si hubiera sido amiga. Lo mantengo hasta el
último día de mi vida: A Walter le faltó contención.
Los que estaban al lado le sobaban el lomo y no le decían las cosas
que estaban mal.
–Bueno,
hay personajes difíciles a la hora de ponerles los puntos...
–Pero vos podías hablar con Walter, era accesible. Perdí
un amigo. En realidad, todos estamos en la misma situación. Yo
tengo la contención de mi familia, alguien que me hable de corazón.
–¿Walter
es una referencia sobre lo que no hay que hacer?
–Totalmente. Sólo trato de rescatar todo lo bueno de su experiencia;
lo bueno no fue poco.
–¿Quién
te hizo cuartetero? ¿Quién te hizo escuchar los discos del
género?
–Coco, mi viejo. Yo era chico... Me acuerdo que lo acompañaba
a jugar al fútbol los sábados y él ponía “La
Mona”. Él es policía retirado. Como le pedí
que me acompañara en esto, dejó su actividad. Son cosas
que voy a valorar toda mi vida. Mi papá me acompaña para
todos lados. Él me maneja la parte de la programación. Yo
me ocupo de la parte artística. Tranquilos, hacemos nuestro propio
camino.
Por
las suyas
Damián Córdoba maneja la retórica del artista independiente.
Y a la hora de exaltar su autogestión, suele referirse a sí
mismo en tercera persona. Como si el suyo fuese un fenómeno que
excede su propia humanidad. “Estamos armando el equipo, tenemos
onda con todos, tengo mi oficina: Tunga Producciones”, añade
el artista que, a su turno, fue manejado por Marcos Farías, del
grupo Suquía, y por la mismísima oficina de Jiménez.
Antes
de contar por qué rompió lazos con ambos, el diálogo
sinuoso lleva a Damián a contar cómo le fue a Inigualable.
“Sé que Leader, el sello, fabricó 15 mil discos y
que se agotaron al toque. Por los temas, por el arte, he recibido buenas
críticas. La gente de Radio Popular... Todos me tiraron muchísima
onda”, señala.
–Hace
unos meses se celebraba a los cuatro vientos tu alianza con “La
Mona”. ¿Qué pasó?
–Nos sentamos mi padre, Juana (Delseri, ex esposa de Jiménez),
Sergio Delseri (hermano de Juana), Carlos y yo para charlar cómo
se iba a desarrollar ese laburo. Y no se llegó a un acuerdo. Terminamos
súper bien. Carlos no para de tirarme buena onda. Juana también.
La onda sigue intacta. Nos dimos las manos y cada cual siguió su
camino. Esta es una familia, no hay competencia. El sol tiene que salir
para todos.
–Pero
debés concederme que el cuarteto es un mercado complicado.
–Sí, claro, están los que juegan sucio...
–¿Sos
su víctima?
–Hay gente que pone trabas en el camino de Damián Córdoba.
Soy de la idea de que es bárbaro que cada uno cuide lo suyo. Pero
jugar por detrás, le saca jerarquía al cuarteto. Todos somos
una sola cosa. Y hay público para todo. Además, un montón
de chicos sueñan con intentar algo, y hay que darles las oportunidades
que algunos niegan. En el rock, se dan manos entre todos.
–Revisemos:
con Radio Popular estás bien, con Suquía...
–Mirá (interrumpe). Me pregunto por qué dejé
de sonar en Suquía. Y por qué me cerraron las puertas en
el Deportivo, Atenas, La Vieja Usina. Me lo pregunto porque, al día
de hoy, no me han dado ninguna explicación. De mi parte, está
todo bien para tocar a esos lugares. Y sonar en Suquía. No me gusta
tener mala onda con nadie. Si estoy solo es porque no compartí
ideas con mi representante. Tenía derecho a cambiar. Terminé
con la buena. Nos dimos la mano, todo bien. De mi parte, dejé lo
mejor. Muchos decían que en tres meses Damián Córdoba
se caía. A la gente que me quiere, le deseo lo mejor. Y a la que
no, la mala onda que me tira, espero que le vuelva en buena, pero a la
enésima. Sólo tengo amor para dar.
–Empezaste
a los 14, ¿qué te perdiste? ¿El viaje de estudios,
un noviazgo tranquilo?
–Resigné prácticamente todo. Hace ocho años
que estoy en esto. Terminé la secundaria... Esto es así:
comparto más con mis músicos que con mi propia familia;
un sábado, hay una fiesta especial y vos no vas a poder estar.
Sólo los 24 de Navidad, no hacemos nada para que todo el mundo
comparta con los suyos. Año nuevo, hacemos baile. No puedo compartir
cosas con mis amigos. Ojo, lo elegí, no me quejo.
–¿Y
las chicas?
–Estoy soltero, sin apuro.
–Estás
domando tu ego.
–Me da una emoción grandísima verme en una gigantografía,
o en la tapa de un disco o escucharme en la radio. O que los periodistas
comenten algo sobre mí. La gente en la calle me tira muy buena
onda. No llegó a creérmela porque nada me resultó
fácil. Viví un montón de situaciones jodidas antes
de llegar a esto.